domingo, 2 de diciembre de 2012

Palmeras en la nieve

"Esta noche os amaréis con desesperación porque sabéis que va a ser la última noche que pasaréis juntos. Nunca más volveréis a veros.
Nunca.
No será posible.
Os acariciaréis y os besaréis tan intensamente como sólo lo pueden hacer dos personas angustiadas, intentando impregnarse mediante el sabor y el tacto de la esencia del otro."

He tardado poco en leerlo. Empecé hace un par de semanas, bajo la recomendación de mi tía Maritere y su posterior envío por correo electrónico, simplemente para ver qué tal estaba. Me encontraba en medio de otra historia, entre Egipto y Australia, y al final abandoné ésta por los paisajes de una Guinea Ecuatorial como colonia española.

Una historia familiar. Y, a su vez, de parejas. Pasolobino y la finca de Sampaka, en la isla de Fernando Poo. Dos hermanos. Dos primas. Un colonizador que acude a trabajar en el famoso cacao y una enfermera. Ese mismo colonizador y su hija Daniela, una de las primas. Esa hija y Fernando Laha. O su prima Clarence e Iniko. Una familia inmersa en la nieve de una ciudad aragonesa de la provincia de Huesca, que se traslada a los paisajes exóticos que acaban por atraparlos a todos.
Luz Gabás quiere dejar claro desde su nota al final de la novela, que se trata de una historia de ficción, aunque con una base real en su propia familia. La muerte de su padre, colono de aquella época, inició a la autora en una aventura por recuperar los recuerdos de esos miles de españoles que se lanzaron a  la producción de cacao en una isla que les echaría, dos décadas después, por la independencia de 1968. Entiendo perfectamente ese sentimiento de los dos hermanos protagonistas, Jacobo Kilian, cuando se ven obligados a sufrir la distancia de aquello que les ha cautivado. De lo que han reconocido como su lugar en el mundo. Ya sea un corazón correspondido o la propia isla. 

Palmeras en la nieve es una novela que trata de contar, de una forma romántica y comprensiva, la historia de la colonización española de Guinea Ecuatorial durante un régimen franquista que, paradójicamente, buscaba una modernización democrática de la que sería la isla de Malabo. Un enfrentamiento entre negros y blancos que dará paso, una vez superado éste, a la incomprensión de las diferentes etnias de la isla, como los bubis y los fang. Unas pocas líneas para ese inmigrante guineano que llega en patera a Madrid, víctima de una historia política no superada. Y para Ösé, personaje que me ha encantado y sobre el que hubiese querido saber más. 

El final es bastante triste para cada uno de los protagonistas, pero supongo que es la forma que la vida tiene de establecer un equilibrio en cada familia. Supongo que las alegrías se reparten, al igual que los malos momentos o las tragedias. Y quiero suponer también, que la virtud de cada una de las familias está en la forma en que afrontan esos repartos. La novela me asusta, no sé lo que podrá tocarme a mí, sólo espero no llegar a ese sentimiento de arrepentimiento que reflejan los pensamientos de Kilian llegada su vejez. Supongo que es parte de la condena que han de sufrir quienes no se conforman con quedarse en casa, los que necesitan enamorarse de lo extranjero y de los que viven ese enamoramiento como se debe, con aspiración de que no acabe nunca.

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