domingo, 11 de noviembre de 2012

Un gorro blanco

El año pasado comencé una costumbre familiar. Se convierte en costumbre porque lo digo yo, sé que sólo dos años de actividad no crean tradición, pero tengo la firme intención de pedir un jersey el año que viene. Con tres temporadas la cosa se irá consolidando ¿no? En otoño 2011, a veinte días de irme a Nueva York, fue una bufanda mostaza, (que podéis ver pinchando aquí). Para otoño 2012, lo complicamos un poco: un gorro blanco roto. Con pompón y dibujo.

Este año yo no he intentado dar ni dos puntadas. Por dos motivos: primero, porque estoy completamente segura que de esas dos puntadas, ni de doscientas que hubiese dado, conseguiría haberme acercado al concepto de gorro. Y segundo, porque estoy comprometida con la decoración navideña para el hogar, y sólo tengo dos manos para aguja y tela.  Tampoco quiero que penséis que voy a esclavizar a mi madre, aunque de momento la quiera sólo para mí. Sí que estoy pensando en abrir un negocio con ella, vista la velocidad con la que tejió el complemento de este otoño: una tarde. Pero de momento, lo dejamos en tiempo de ocio.

Si os gusta, y dependiendo de la retribución que discutamos, os la presto. E insisto, no es mi idea someterla a esclavitud.



3 comentarios:

pilarin dijo...

Ole,ole,ole las manitas de tu madre.
Que foto más bonita!!!!!.

Marta dijo...

¡A tí te pongo dentro de nada!
Vete preparando las tuyas :)
Mua

Hermenegildo dijo...

Te queda al pelo... pide hija pide!
Beistos desde Esmirna.