viernes, 5 de octubre de 2012

Publicidad para otoño


Yo no leo ese tipo de revistas, están llenas de publicidad y no valen lo que pagas por ellas. Quizás tengan razón todos los que aseguran que las revistas de moda están plagadas de anuncios de unas marcas que, además, no podrán adquirir nunca. Ni ellos, ni yo. Pero a mí, ver este tipo de fotografías, me gusta. Sí que es cierto que, de vez en cuando, te cansas de buscar texto. O de que para ver simplemente la publicidad de las grandes casas de moda, buscas en Internet. Pero insisto, sigo parándome a ver las dobles páginas con buenas campañas publicitarias. Aunque sea para inspiración, porque comprarme lo que sacan en ellas, imposible. También os digo, que acepto sorpresas. 

Para otoño 2012 son muchas las tendencias y diseñadores que me han gustado. Y entre ellas destacan:

Lanvin, porque como dice la propia campaña La gente corriente, vende. Algunos de los fotografiados por Steven Meisel, encargado de la campaña, tienen hasta ochenta años. No hay nada más que decir. ¿Es que una modelo veinteañera y esquelética tiene más fuerza que esta mujer?





Tommy Hilfiger, protagonizada por la propia familia Hilfiger, porque me imagino a la mía al completo vistiendo así, de caza y comiendo sobre mantas de tartan británico. Jamón ibérico y croquetas. Aunque sea siempre lo mismo. Por supuesto, yo llevaré sombrero.


Louis Vuitton, (también fotografiada por Steven Meisel) porque algún día espero que la casa de moda parisina me regale un juego de sus maletas. Y porque espero que viajar en avión vuelva a rodearse de ese glamour que tenía al principio. Y por sus sombreros, obvio.


Hermés, (por el fotógrafo Nathaniel Goldberg) porque sigo queriendo sus botas, sus guantes y su bolso Birkin en algún momento de mi vida. Y por qué no, este otoño. Por esa capa, por pasar de una estación a otra sin despeinarse y por su Time on your side.


Y cómo no, Dolce&Gabbana (por Guiampaolo Sgura), por llevar varias campañas centrándose en la familia. Vistiendo al abuelo, a la suegra, a la sobrina y al nieto. Y todos con esa clase italiana, con esa sonrisa y ese orgullo de exportar algo que les caracteriza: sus curvas, su pizza, su lujo algo ostentoso, sus calles empedradas y sus reuniones familiares multitudinarias.










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