domingo, 22 de julio de 2012

Un fin de semana en Mataró

Mis queridas amigas y lectoras, que no por ser lo primero han de ser lo segundo, sino también porque parece que mis tonterías les gustan, me solicitaron una entrada especial que contase nuestro fin de semana en Mataró-Barcelona. Contando que para nosotras no fueron sólo un par de días, sino que habría que sumar el periplo turístico por las cincuenta y siete salidas idénticas que más o menos pasamos desde el aeropuerto de Gerona hasta casa de Miriam, en el centro de Mataró; además del madrugón que nos pegamos las dos el lunes para que yo llegase a tiempo a la oficina en Madrid. Con carga a pulso de maleta incluida, que la señorita Miriam no quería causar ni un sólo ruido a esas horas de la madrugada. Las hay respetuosas y luego está ella, que no le gusta ser protagonista de ningún escándalo nocturno. Ni fueron sólo 48 horas ni pueden ser sólo un par de párrafos; pero chicas, haré lo que pueda por cumplir vuestros deseos, y los de aquellos que quieran una escapada express muy veraniega. Os lo recomiendo para el próximo fin de semana de San Juan.

Viernes 23horas: llegada al Aeropuerto de Gerona, coto casi exclusivo de la compañía de vuelos low-cost Ryanair, la cual odio desde que los billetes a 0,01€ dejaron de existir. Ahora te cobran por todo, hasta por no acentuar tu apellido correctamente. Y el viaje se convierte en una tómbola en la que las azafatas ponen a la venta hasta sus bragas. Te miden y pesan la maleta, el personal es insufriblemente estúpido y tienes que llevar la botella de agua metida en el escote si quieres utilizar tus manos para pasar las páginas del libro. Si es que has tenido la suerte de poder meter un libro, que todo es peso adicional.
 

Sábadoupdate con Miriam (que significa "puesta al día, actualización de tu vida" pero que queda muy cool así) y pick-up de Carla (que significa "recogida en casa", pero que no sé por qué me suena fatal y además, seguimos siendo cool. Eso o la adolescencia, que se me alarga). Y una mañana entera para navegar, comerse una bolsa de Doritos (yo sola, aunque les permití meter la mano un par de veces) y quemarse de forma preocupante sin darse ni cuenta. Lanzarse al agua, echarse unas cuantas fotos y conocer un poco más la historia de la zona del Maresme, donde queremos una casa (nota mental).

  


Por la tarde, después de una rápida visita por el centro de Mataró y descubrir que si lo tuyo son los dulces, ésta es tu ciudad. Si existe un premio Guinness por concentración del mayor número de pastelerías por metro cuadrado, aquí caía el galardón. Fijo. Yo vivo en esta ciudad y bajo literalmente rodando cada mañana a la playa. Pero era noche de fútbol y yo tenía que experimentar, por primera vez en mi vida, lo que era sentarse al lado de un catalán y aficionado del Barça gritando por un mismo equipo. En cuanto a jugadores no estábamos de acuerdo, pero para los goles saltábamos juntos. Nos clasificamos para la Semifinal de la Eurocopa (Gracias, Sara) y acabamos obedeciendo a Ana, que había preparado ya la mesa para festejar la noche de San Juan. 

La cena empieza en la calle, donde las familias han dispuesto la comida en las mesas y sillas que el Ayuntamiento facilita a los vecinos. Pan con tumaca, embutidos, tortillas o empanadas junto con el postre típico de esta fecha: las cocas. Un dulce enorme que, si Ana da el visto bueno al producto y no le castiga a una reclusión eterna en la cocina, crea adicción. Pedazo a pedazo, a lo tonto, no dejas de meterle mano. Y llega la medianoche para que las brujas desfilen calle abajo, recogiendo todo aquello que los vecinos dejan para su quema en la hoguera y encendiendo decenas de velas. Cuando el fuego no se había ni apagado, nosotras fuimos a disfrutar de un rato en la playa. Donde pensábamos quedarnos viendo las amenazas de Gonzalo de lo que estaba ocurriendo en la plaza de casa: un concierto en tu ventana. Porque aunque Miriam había decidido dejar su Ipod funcionado todo el santo día, la ciudad de Mataró quiso hacerle la competencia. 



Domingo: playa sí, con muchísima protección. Mis quemaduras eran tan patentes que estuve a punto de no ponerme bikini. Total, con tal marca tatuada en mi cuerpo, de lejos, ni se aprecia que se te ha olvidado vestirte. Y luego rápida escapada a Barcelona, muchas fotos, muchas risas y muchas kilocalorías acumuladas. Un rápido vistazo turístico a la ciudad para acabar en el Hotel W en la playa de La Barceloneta, viendo como aún teniendo dinero hay gente muy cutre, que no piden bebida alguna para cenar, ni agua del grifo, no vaya a ser que se lo cobren. 


Prometimos volver a juntarnos. Y yo prometí además, resumir lo que fue nuestro fin de semana express. Porque aunque Miriam asegure que se le hacen cortas mis entradas en este blog y que debería escribir un libro, no tengo tiempo ni creo que me diese la cabeza para ello. Aunque cuando se trata de hablar, ya sabéis quienes me conocéis, ni me lo pienso. Me sale sólo, como estas líneas que estoy segura muchos no habréis llegado a terminar. Espero tener otro par de días igual, para volver a conseguir aburriros.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen resumen para ese fin de semana glorioso y además súper estrés ante

Marta dijo...

Firmaría un "uno sí, otro no"...