domingo, 17 de junio de 2012

Sputnik, mi amor

Ya sé que ésta es la historia de Sumire, no la mía. Pero es a través de mis ojos como se presenta a un ser humano, a Sumire, y es a través de ellos como se desgrana la historia, así que me parece hasta cierto punto acertado explicar quién soy. No es la primera página pero sí una declaración de intenciones de la forma en presentar la historia. Contada en tercera persona, es el mejor amigo, (o quizás el único), el que nos describe quién es la protagonista, Sumire. Cómo piensa y actúa, y por qué cree él que lo hace. Sin embargo yo, no creo que sea precisamente ella el personaje principal del libro.

Son tres. SumireMyú y él, quien no revelará su nombre en todo el relato. Simplemente es él. Y no es la historia concreta de ninguno, sino de cómo piensa éste último a sus dos compañeras en el libro. De cómo piensan ellas a su entender. Sólo en dos documentos escritos por la primera, robados de la intimidad de su escritorio, podemos entrar en la cabeza y el cuerpo de Sumire. Y a través de la pluma de ésta, en el de Myú. Pero son pocas páginas. 

Sumire es una joven demasiado compleja. No sé hasta qué punto merece la pena ahondar más en su cabeza, el sentimiento que te quedaría sería quizás, aséptico. Creo que incluso es mejor no identificarse con ella, prefiero la melancólica imagen que muestra Myú. De ese tiempo que fue pero que no vuelve. Este personaje, ya le comentaba a un amigo, merecería un spinn-off. Se podría llevar el premio Oscar a la Mejor Actriz Secundaria. Te quedas en la distancia con ganas de más. Con la misma última imagen del narrador; la de quien se aleja en la bahía, la de quien pasa a tu lado en la carretera. Apenas unos instantes. Y él, que se lleva la parte más trágica de la novela: la de quien ama sin ser correspondido y es incapaz, no ya de amar a otra, sino simplemente de no pensar en quien sabe es su persona. La que elige sin querer. La que no olvida.

Murakami, autor del "Sputnik, mi amor", deja ver de vez en cuando su manía de filosofear con el pensamiento de sus personajes. Algo que ya me puso de los nervios con Tokio Blues, quizás su novela más aplaudida. Yo quise matarlo por ello. La conservo en la estantería porque la portada me gusta y porque costó dinero. Pero aún así, acierta a dejarme cotillear en lo que piensa un personaje de otro. Pero sin llegar a juzgar, sólo intentando hacernos comprender. Porque él, ya comprende a Sumire. Y a Sputniksu amor, la intuye.

- Groucho Marx tiene una frase muy buena- dije-: "está locamente enamorada de mí y, por eso, ya no entiende nada de nada". Ésta es la razón por la cual está enamorada de mí.

Sputnick, sweetheart.
Haruki Murakami, 1999

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