jueves, 19 de abril de 2012

Cuando descuidas tu 80%


El 80% de la imagen de cada persona viene representado por su pelo. Es decir, que somos idiotas. Y ahora os explico por qué. Mi madre, que a veces es muy sabia, me lo lleva diciendo un par de semanas. Yo no sé qué le ha dado ahora con que debería pasar por la peluquería. Se llevará comisión. Primero lo intentó con eso de que venían las fiestas navideñas. Luego encontró la excusa perfecta y me sugirió hacerlo antes de volver a Buenos Aires. Y ahora, sin darse por vencida, insiste por la propia salud de mi cuero cabelludo. Algún día se dará cuenta que mi pelo y yo somos una causa perdida.

Es cierto que no sé el tiempo que llevo sin pasar por las manos de una peluquera. Haciendo cálculos generales, creo que son más de diez meses sin dejarme tocar por una de estas rebeldes. Nunca siguen tus instrucciones, me enferma. Lo hice en verano del año pasado y podría asegurar que mi memoria no recuerda tortura posterior. Pero no le voy a dar más vueltas. El asunto es que mi madre, con toda su sabiduría, vio respaldada su manía persecutoria con mi pelo en una revista de moda de estas que nosotras estudiamos: "¿Ves Marta? Mira lo que dice aquí, el 80% de la imagen de cada persona viene representado por su pelo". A gritos, para que me entrara con más rapidez en la cabeza.


Si esto es real, entonces ¿qué hago yo gastando dinero en ropa? Si total, sólo representa el 20% de tu imagen. El pelo es lo que hay que atender y vestirse ahora es "cuidar los detalles". Todo el conjunto es un gran complemento que se construye por piezas. Tú lo que tienes que hacer es cuidar tu pelo. Y claro, eso de no pensar en cómo te queda la ropa con él, ni se te había ocurrido. Porque es todo el atuendo diario el que debe armonizar con tu cabeza, y no al revés. A mí me han enseñado que las cosas salen por mayorías, y lo que corona mi cabeza tiene, en este caso, más representación. No sé que hacemos todos malgastando nuestros días en Zara y Mango, en vez de sacarnos la tarjeta de fidelidad en Llongueras, por ejemplo. Estamos despistados. 

Mucho nos quejamos de que tenemos celulitis y de que nos sobran dos o tres kilos. Nos machacamos en el gimnasio y cuidamos la alimentación. Si hemos comido tarta de chocolate por la mañana, para por la noche, un caldo. ¡Y ni nos fijamos en que las puntas están abiertas! ¡¿Pero en qué estamos pensando?! Ya entiendo por qué no tengo mil quinientos novios, es porque me aburre mi pelo y no le hago ni caso. Claro, voy en desventaja, trabajo mi imagen sólo en un 20%. ¡Un desperdicio de esfuerzos es lo que hago! Menos mal que adoro los sombreros, diademas y demás tocados. Que aunque haya días que ni me peine (la gran mayoría), al menos oculto el pelo al natural que yo llevo. Así que, ya sabéis, menos armario y más estanterías en el cuarto de baño, con todo tipo de productos para el cuero cabelludo. Despedid al entrenador personal y pagad una fortuna por un peluquero. Y que sea varón, que tiene más glamour. Yo ya no me descargo cualquier catálogo de Inditex, ahora prestaré toda mi atención al de Evita Peroni y compañía. 

2 comentarios:

Raquel dijo...

Jajaja! Bueno, yo bajaría el porcentaje pero estoy con tu teoría, el pelo... ese gran descuidado que tanto ven los demás. Pero no, tengo que decirte que siento no estar de acuerdo contigo en lo del "fallo". El único motivo es que no ha llegado el prícipe que te mereces... tú no tienes ningún fallo. Besos. Raquel

Marta dijo...

Jajaja, exacto...debe ser fallo de ellos, no hay otra explicación :)
Un beso!