lunes, 16 de enero de 2012

Caperucita Roja no es tonta

Para nada. Además de guapa, por mucho que a mí, personalmente, no me convenza y que nunca me la imaginé rubia. Pero he de reconocer que el rojo de la capa, los tonos verdes del bosque y el blanco de la nieve le sientan bien. Obviaremos, eso sí, el malva horrendo del vestido que lleva a veces, o el azul bebé. Yo la hubiese puesto aún, más provocativa. Más guerrera. La dulzura no está reñida con la valentía. El pelo bien, me gusta. Y Henry también. Y Peter más. 

¿Qué por qué no hablo más de la película en vez del atuendo que la diseñadora de vestuario ha decidido ponerle a Amanda Seyfried? Porque este film no da para más. Es mejor ir un par de pasos por delante e ir contándote tú el cuento, mientras le pones la fotografía de la película. Y sus colores. Porque todos nos sabemos la historia. Eso sí, te das cuenta que la chica no es tonta. Se queda en la casa de la abuela con la promesa de esperar al chico que ha dado su vida completamente humana por ella. Con Henry merodeando por el pueblo. El tonto es él, por creerla. Todos sabemos que aquí, no se espera a nadie.

Lo único bueno es que ya tengo patrón para mejorar la capa de Caperucita Roja que me hice un día, de forma muy rústica y con ayuda de mi compañera de residencia, Darija. Yo puse la idea, y ella la destreza con la aguja. Esto y que, a falta de mucha atención televisiva durante estos días, ya tengo mi escena favorita de la semana. Tampoco es un boom, pero lo prohibido siempre llama. Siento que sea tan "calentita", pero estamos a 3ºC y para mañana anuncian fuertes nevadas. Contrarestar el frío, abrigrarse:





¡César! Voy a salvar a su hija y luego pienso casarme con ella. Deseo su consentimiento, pero puedo vivir sin él, (Peter).

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