lunes, 9 de enero de 2012

Un paseo por el Foro Romano


Cuando elijo una nueva lectura me pienso mucho qué es lo que quiero. Puedo tardar varios días, aunque tenga que sobrevivir a base de revistas de moda, pero me gusta acertar. Esta vez no me importaba que fuese algo denso e histórico. De ahí, mi elección: La Plata de Britania.

Marco Didio Falco es un soldado romano ya retirado. Pertenecía a eso que hemos oído llamar como legiones, de las que intentaron conquistar Britania en tiempos del Imperio. Él vive en Roma y se gana la vida como puede, y como quiere. Desde su casa, en una de las siete colinas que mi hermano y yo nos empeñamos en pisar en nuestra primera visita a la ciudad (al menos poner el pie), vigila lo que sucede en Il Foro. Y además, lo recorre como quien pasea por jardines propios.

Helena y Sosia Camilina, dos primas que aparecen una detrás de otra en la novela, pero que no coinciden, son más de dejarse ver por Il Palatino. Porque su status social da para eso, para dejarse ver. Vestidas de blanco, con impecables sandalias y joyas deslumbrantes. Todo lo que te imaginas en ese Imperio Romano que se debate entre los grandes emperadores y la República

La novela se sitúa en el inicio del reinado de
Vespasiano, al que todos hemos estudiado en clase. Se narra en primera persona, con el tono sarcástico de su protagonista. No diré a qué amigo universitario me recordaba, pero sí, le puse cara. Con la misma claridad que construía ese Foro Romano, ese río Tevere y demás jardines en mi cabeza; porque después de haber visitado varias veces la ciudad, recorres de nuevo sus calles con gusto. Nada te suena extraño, aunque se sitúe varios miles de años antes. Cruzas hasta Britania, te mezclas con los bárbaros ingleses (con cierto ambiente tolkieniano, porque tú ya todo lo imaginas así) y vuelves al esplendor del Imperio. Y eso es lo que te gusta: pasear por Roma. Los capítulos de interior los lees corriendo, y los que Falco sale a la calle, los alargas.



The Silver Pigs (Marcus Didius Falco, #1)


My rating: 3 of 5 stars

"Una de las primeras realidades de la vida que el hombre comprende es que jamás debe decir la verdad a una mujer. Pero yo se la dije a Helena: siempre lo he hecho y seguiré haciéndolo-. Helena Justina, he renunciado a seducir a las mujeres.
Cogí su rostro entre mis manos e impedí que el pelo le cubriera las mejillas. Helena me contempló muy seria.
- ¿Fue un juramento a los dioses?
- No, fue una promesa que me hice a mí mismo. [...]
-¿Se trata de una promesa que desea mantener?
Helena volvió a besarme y me vi obligado a negar con la cabeza. Diversas circunstancias relacionadas entre sí me llevaron a decir.
- No creo...que pueda.-Había pasado tanto tiempo desde la última vez que anhelé tan intensamente a una mujer que casi no recordaba el dolor agudo que provocaba.
- Marco Didio Falco, no me está seduciendo.-Helena Justina sonrió y resolvió mi dilema moral con la dulzura que tanto tiempo yo había sido incapaz de reconocerle-. ¡Soy yo quien hace intentos desesperados por seducirle!" (Cap XLVII)

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