lunes, 26 de diciembre de 2011

Lunes indignado


De indignación me toca este lunes. Esto es así. Indignada en general. Ya sabemos que es algo que está de moda desde mayo, con aquellos jóvenes que se sentaron en la Puerta del Sol. Así que, ahora puedes indignarte tranquilamente y decirlo, soy una indignada. Luego te mirarán mejor o peor, pero ya te has caracterizado. Que desde entonces, es una palabra con cuerpo propio. Pues sí, el 26-D me declaro indignada.

En primer lugar, porque no entiendo qué tengo que trabajar yo en este día. De verdad, qué necesidad tiene España de que yo sea productiva. El paso de universitaria a recién-no-universitaria tendría que ser menos duro. Además, la más pequeña de todas y la primera en entrar. A oscuras, ¿es algún tipo de broma?

Segundo, las ganas que tiene el mundo de ensañarse en estas fiestas. La gente es buena, se embarca en un avión desde el otro lado del Atlántico y no le respetan. No le dan ni dos minutos para una mirada. No hay derecho tampoco. Y no me vale con un “la vida es así” porque entonces me indigno todavía más y me siento sola en esa Plaza del Sol. Prometo que trepo hasta el balcón de Isabel Pantoja en el momento de dar las uvas y hago cualquier burrada. Que esto de la Pantoja me indigna también.

Los sorteos de la Copa del Rey. Vamos a ver, ¿es que no podemos estar tranquilos ningún mes? Ya desde enero con agonía. Si ganamos al Málaga y el Barça al Osasuna, doble clásico en dos semanas. Otra vez. Y no a partido único como venía siendo habitual en la competición, no. Este año doble partido, aquí y allí. Miedo me da el sorteo de la Champions League, que ya no me fío de nada. De verdad, no puedo más con otro Mou versus Guardiola. Hablemos de la pelota vasca un rato, no sé.

Y luego los
regalos graciosos. Todos sabemos lo caro que está el cine últimamente. Imaginaros qué alegría cuando Kinépolis te manda una invitación para la película que elijas a tu bandeja de correo electrónico. Empiezas a leer: “Señorita Marta, le invitamos al cine por su cumpleaños, bla, bla, bla, foto, imagen que no se puede imprimir, bla, bla, bla, que podrá utilizar el día de su cumpleaños. Acompañe esta invitación con su DNI para acreditar la fecha”. ¿Qué coño quieres que haga yo con una invitación para el día 31 de diciembre? ¿Es que abre el cine para mí? Osea, que Nochevieja no sólo ha decidido compartir protagonismo conmigo, sino que además, me impide disfrutar de mis regalos. Que no sabes tú el ahorro que supone que te inviten al cine. Y hay mil películas que ver antes de la entrega de los Globos de Oro en enero y los Oscars en febrero. Pues nada, gasto tinta de la impresora para nada. Me dirás tú cómo le digo yo a mi familia que no ceno con ellos, que tengo que ir al cine. ¿De verdad, son idiotas?

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