martes, 27 de diciembre de 2011

De cómo se mide el dinero por un erasmus


Un Erasmus dura seis meses o un año, depende de la suerte que tengas. Yo fui de las afortunadas. Precisamente este blog nació como forma de contaros mis peripecias durante esta beca de intercambio en París hace ya varios años. Una experiencia en la que todos queremos vivir para siempre. Pero la realidad ya se encarga de decirte que no puede ser. Yo creo que todos los que hemos sido erasmus en algún momento, no dejaremos de serlo nunca. Aunque quede ya poco de las tonterías que te permitías entonces, tu cabeza siempre tendrá una especie de bombilla que, de vez en cuando se ilumina, y te hace pensar como cuando lo único que importaba era qué plan había para ese jueves noche.

Ayer por la tarde, volviendo del gimnasio con mi hermano, me di cuenta de que echo de menos esa bombilla y me entra la risa cuando se ilumina. Hablábamos del precio de las clases de paddel del Polideportivo que hay cerca de casa y que, haciendo la suma anual de cada cuota, llegabas a pagar 720 euros. Algo que nos parecía caro. No sé qué asociación haría mi hermano, pero la mía fue sencilla: 720 euros es un billete de avión a Sudamérica o dos, si lo que queremos es ir a Nueva York. Y ahí está, eso es la bombilla erasmus. Todo se medía en billetes de avión. Y yo, lo sigo haciendo.

No comprar salmón ahumado era el billete de avión a Pisa. Y no salir en ese fin de semana el hostal de Dublín. Siempre que debíamos ahorrar nos consolábamos pensando en eso, en que el ahorro era el billete de entrada para algún lugar del mundo, lo hubiésemos visto ya o no. Y para mí, sigue siendo así. Resaca erasmus. Si no me compro algo que quiero o no salgo un sábado es porque pienso en el viaje que estoy ayudando a conseguir. Aunque seamos sinceros, a veces no me apetece y punto. Pero incluso cuando esto ocurre, mi cabeza piensa: bien Marta, piensa que ahorrándote lo de hoy, te vas a esquiar mañana. O a Londres en enero, o a París en febrero o, por qué no, a Buenos Aires en marzo.

1 comentarios:

Marga Herrán dijo...

No comprar salmón ahumado era el billete de avión a Pisa. Y no salir en ese fin de semana el hostal de Dublín. Siempre que debíamos ahorrar nos consolábamos pensando en eso, en que el ahorro era el billete de entrada para algún lugar del mundo, lo hubiésemos visto ya o no. Y para mí, sigue siendo así. Resaca erasmus. Si no me compro algo que quiero o no salgo un sábado es porque pienso en el viaje que estoy ayudando a conseguir.

QUÉ GRAN VERDAD :):):):) Marga