viernes, 27 de mayo de 2011

Tertulianas en la Renfe


Son dos y pueden conmigo. Creo que, en realidad, pueden con todo el vagón. Muñeca derecha con reloj metálico y la izquierda con varias pulseras brillantes. Media melena con una rápida pasada de cepillo. Pantalones de vestir y conjunto superior de las típicas marcas de El Corte Inglés que se niegan a abandonar la planta de Señoras. Estoy segura que alguna de las prendas que aún tienen, son las mismas que había cuando mi abuela paseaba por allí para renovar su armario, y aprovechar para merendar  en su cafetería. Apostaría incluso, porque algunas las heredaron de Galerías Preciados y cambiaron la etiqueta. 
Estas dos señoras y amigas, que de vez en cuando tienen a bien sentarse justo en los cuatro asientos que tengo delante, hablan sin darse tregua. Ni ellas, ni a los que compartimos viaje. Como no les veo la cara, siempre las identifico por sus voces, inconfundibles. Y por su afán de gobernar a los viajeros con sus mítines. Y cuando las oigo, pienso: sí, ya están aquí.

Primero hacen una lectura rápida de la política nacional, que ahora da mucho juego. Deben ser de Móstoles, pero por el increíble repaso que dan a todas las ciudades del Sur, estoy segura de que se han empollado el 20 Minutos en las pocas paradas previas a la mía. Me las imagino devorando el diario con el mismo énfasis con que hablan de la actualidad.

Estas señoras nunca se creen nada, todo les parece intolerable y "tú fijate, ¡qué desvergüenza!" El tono del diálogo que mantienen también está perfectamente estudiado. Ese que sin chillar, se hacen escuchar en todo el vagón, y si me apuras, en la estación cuando se abren las puertas.
Después llegan a la temática económica y social, que dominan menos. O les produce un escándalo menor, quién sabe. De deportes ni hablan, pero no por desconocimiento, no. ¡No les da tiempo! Una mañana les tiro el Hola desde atrás y a esperar el efecto.

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