lunes, 18 de abril de 2011

No son vampiros

Son extraterrestres. En realidad, una mezcla de humanos increíblemente guapos con extraterrestres. Ya no son verdes ni babean. Ahora tienen cuerpo de californianos aficionados al surf. Es otra saga de "chico raro pero buenorro que se enamora de chica guapa, rubia y perfecta, pero muy bohemia. Ella pasa de las populares, no le va ese rollo". Se supone que tienes que creerte que con quince años lo mejor es ser la marginada de clase, que es lo que todas queríamos y por lo que suspirábamos. Lo de integrarnos en el grupo y llevarse bien con todos ya no es para los adolescentes modernos, ellos quieren ser incomprendidos.

D
ejando a un lado el estudio de la sociedad moderna, y que los niños excluidos de ahora son tipo Ken de Mattel y medidas 60-90-60, que en mi época eran los gordos, bajitos y con gafas; Soy el número 4 es la nueva apuesta de Disney que narra la historia de uno de los nueve niños alienígenas que son enviados a la tierra después de que su planeta fuese destruído. Deben ser protegidos hasta que todos sus poderes se desarrollen, para volver a su mundo y reconquistarlo. Los malos son los mogadonianos, quienes ya intentaron acabar con su especie, y ahora descubren dónde se esconden y los eliminan. Por orden, que hay que ser organizado. Si no matas al dos, no puedes ir a por el tres. No deben estar agobiados con la tarea. Te dicen que su objetivo es exterminar a las razas del universo para dominarlo, pero han llegado a la Tierra y aquí no están tocando a nadie.

Es una historia basada en los libros de Pittacus Core, que adapta para el cine el director DJ Caruso. Otra saga al estilo de Crepúsculo que cambia la sed de sangre por la incomprensión de los poderes. Tienen hasta criptonita propia, azul muy cuca. Parece que esto de las trilogías es rentable, por eso deben hacerlas como churros. Pero visto Edward Cullen, me quedo con la piel fría y transparente de éste, antes que con el bronceado de Alex Pettyfer, protagonista de la película. Será por la estética de su mundo, quizás por el romanticismo que para mí evoca su especie, pero prefiero la inmortalidad a la multiculturalidad del otro lado del universo.


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