martes, 26 de abril de 2011

Euforia

De un estado de nervios, ansiedad incontrolable y palpitaciones lentas, a un estado de euforia, delirio y afonía, sólo hay 103 minutos y un cabezazo portugués. Quizás no un cabezazo, sino toda una estrategia con la misma denominación de origen. Ilusión cumplida con una sonrisa que duró desde que aparcamos el coche en la zona culé, hasta que abandonamos Mestalla. Y continúa.

Ni repostar en una gasolinera con bandera catalana, ni Piqué ni los caballos descontrolados de la Policía, (que luego dicen que hay que felicitar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, ¡vaya hombre, una debe ver cosas que no son, o al revés!), ni un estadio más propio de la liga argentina en el que los hombres hacían sus necesidades fisiológicas como si esa misma Policía los hubiese colocado allí, en la pared, alineados y listos para ser apuntados, pudo quitarme a mí esa sensación de día perfecto que todavía hoy conservo. Y la lluvia de la Semana Santa, tampoco
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