viernes, 25 de marzo de 2011

Tributo al agua

Según Dolce&Gabbana "los zapatos son accesorios estratégicos". Su elección puede depender del conjunto que quieras ponerte ese día, o construir tu modelito en torno a ellos. Las hay para todo, pero cuando se trata de unas katiuskas, yo soy de las segundas. Me da igual tener que pensar en qué ponerme para que ellas sean las protagonistas, se rompe una la cabeza si es necesario. Y eso que las mías no son precisamente lisas y en tonos neutros.


El nombre katiuskas tiene su origen en una zarzuela de 1931 compuesta por el español Pablo Sorzábal, donde la protagonista (Katia) salió al escenario con unas botas. De entonces, la "pequeña Katia" bautizó a las botas de agua, dándoles un toque más divertido aún.

Cuando era pequeña odiaba verlas preparadas por mi madre los días de lluvia. No me gustaban nada, eran duras y había que meter el pantalón por dentro. Horrible. Las tendencias, por una vez, jugaron a mi favor y las desterraron de los armarios para siempre, o eso creía yo. Las botas de agua para los niños y los pescadores. Y yo, feliz.

Pasada ya mi época de pantalón negro, botas negras, pelo planchado por mi tía y camiseta básica Zara de tirantes (sí, esa época en la que todas parecíamos hechas con molde, y a la que me aboné durante poco más de nueve meses, no aguanté mucho), decidí comprarme unas de flores, para que se viesen bien. De paseo por el Rastro las vi. Mi padre, una persona que si puede llevar todos los colores del arcoiris, en fosforito y juntos, lo hace; apoyó la idea. Yo creo que hasta se emocionó viendo cómo me las probaba. Y eso fue antes de que se pusiesen de moda, que yo me las compré en pleno agosto, por si tocaba un otoño con agua.

Ese mismo invierno, mi tía Maritere me regaló unas geniales. De Coronel Tapiocca, con el mapa de Kioto. Al principio parecían difíciles de combinar, pero una vez que pillas el truco, caen cuatro gotas y tú ya las preparas en la puerta. Tanto te gustan ahora que, en cuanto ves que se nubla, llamas emocionada a tu amiga para decirle: ¡Sandra, que llueve!

Las katiuskas son un verdadero tributo al agua, y a mí el agua, me encanta. ¿A que ya no huyes de ellas?


4 comentarios:

MTC dijo...

me encantan!!! quiero y necesito unas ya si empieza a llover en los parises!!

ya te las ensenare cuando consiga las apropiadas! jejej

genial Katia, te imaginas que pudieramos darle nombre a nuestra prenda preferida?

te echo de menos ma puce!!!

Marta dijo...

Los grandes diseñadores lo hacen, por qué no nosotras...

La palabra que estás buscando es Hunter, son caras, pero son las míticas...Azules por favor, dejemos el verde para los hombres del mar...

Alexandra dijo...

Yo siempre tan al día y este se me había pasado... Yo soy la que recibe emocionada la llamada de "llueve", las mías negras divinas que combinan con casi todo, que yo soy menos atrevida!!
Y en este último viaje hemos aprendido un nuevo uso, la playa!! ¿Cómo sino íbamos a pisar las playas cántabras en pleno invierno?
Me encantan las fotos ;) y me encantas tú!! :)

Marta dijo...

Para dejar al "niño" disparar con el "cacharrito" e intentar adivinar a que supuesto cangrejo estabas tú mirando entre las rocas...

Para la playa en invierno, que en unos meses...¡¡sacamos las chanclas!!