lunes, 18 de octubre de 2010

Naipur y Caroba

A veces, a las historias de amor hay que darle las gracias, o a quienes las inventan y se empeñan en hacer de los accidentes naturales algo aún, más bonito.

Existe una leyenda guaraní que sitúa el origen de las Cataratas de Iguazú, futura maravilla natural si la gente sabe lo que tiene que votar, en la ira de un dios, -no se cuál exactamente-. Parece ser que un tal Caroba, indio autóctono, huyó río arriba con una joven de la que la deidda se había enamorado. Porque si hay cosas que no cambian es que, muchas veces, se prefiere huir a enfrentarse. Esto debe ser algo históricamente interiorizado.

La deidad, por lo visto, se enfada y crea la caída de agua para matar a los amantes. Una ira feroz la suya. Naipur, la joven india, se transforma en roca al morir, mientras que Caroba lo hace en árbol y se sitúa en una posición desde donde todavía puede contemplarla. Así que los guaraníes deben ser algo budistas, por lo de la reencarnación y todo eso.

Pero sí, es más bonito pensar esto, que creerse la explicación científica: la placa tectónica de Brasil termina bruscamente en el Río Iguazú provocando una caída de 75 metros de altura. Llamadme peliculera, pero prefiero el mundo con purpurina.

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