martes, 28 de septiembre de 2010

Usos y costumbres

Muchas personas dicen viajar para conocer otras culturas. Creo que la mayoría de los alumnos de intercambio lo utilizamos para rellenar el folio que se nos pide como carta de motivación. Es una de las tonterías que se exigen como requisito previo de ingreso a la facultad, que luego quisiera saber yo quién se lee un papel lleno de: "me encanta viajar", "creo que es importante para mi futuro", "adquirir experiencia" y sí, el mítico, "conocer otras culturas".

Pues yo, eso de adquirir conocimientos culturales lo matizaría. Hay cosas que no es necesario experimentar, gracias. Una de ellas nos devuelve, como no podía ser de otra forma, al baño. Llego a pensar muchas veces que tengo una auténtica obsesión, pero se me llenan los ojos de lágrimas cuando los cierro y visualizo mis 2 metros cuadrados al final del pasillo. Veo el cuadro con patitos, mi albornoz furcia y la esponja de dálmata que nunca utilizo.


El motivo cultural al que me refiero hoy es el váter. Los váteres argentinos tienen un sistema particular, hasta en esto quieren ser rústicos. En España estamos acostumbrados a que, una vez tiras de la cisterna, la cosa baja y el agua da vueltas, pero ya está. Si eres un poco apañado, el agua sale verde o azul. En Argentina no, la cosa primero sube y después baja. No entiendo el motivo de ver las cosas girar y acercarse a tu cara, con el miedo innecesario de que eso no pare y se salga. Y prometo que una vez lo ví salir y me quedé loca.

El momento se hace eterno y no paras de gritarle mentalmente al váter "¡venga, venga!", como si te entendiese. La cosa sigue ascendiendo, y el grito se convierte en desesperación "¡no me jodas, no he dado tan fuerte al botón!". Y cuando ves que baja y que se pierde, respiras. Porque se te había olvidado hasta eso. Esto es cultura de la popular, de la cotidiana.

Otra de las costumbres, no de los sanitarios pero sí de las personas, es el procedimiento a seguir después de visitar precisamente al váter. Tirar el papel higiénico utilizado. ¿Por qué esa manía de echarlo a los cestos situados a un lado y no al mismo váter? Si aunque suba, traga. Ni idea, pero la irritante exigencia de todos y cada uno de los baños que visito me hace pensar en agregar una postdata al cartel que te avisa: "¿Y si cago te lo deposito también en el cesto?"

Lo que no se es por qué me pongo a escribir estas cosas antes de un examen, y además me salen solas y sin pensar. Para el próximo parcial me dará por hablar de los utensilios de higiene femenina y cómo la tecnología parece no haber llegado a este país. Y puede salirme una larga reivindicación por la exportación europea a Sudamérica.

2 comentarios:

Meska dijo...

Una de las más delicadas historias de amor escatológico que jamás leí.
Uno se lo imagina tal cual, sólo falta colorearlo, que podría resultar muy gráfico para los que pensamos en blanco y negro.

No imaginas cómo se las gastan en Angola, aquí no hay agua que empuje previo ascenso, aquí donde plantas, permanece.

Lo del agua no sé si tendrá que ver con la posición en la que te encuentras, Argentina, por debajo del ecuador.

Besitos desde el Hotel Tívoli en Luanda, Angola.

Marta dijo...

Yo colorear nada, y viendo los dibujos profesionales que me llegan de mi prima Irene, ni me atrevo a meterme en el mundo de la pintura.

Ahora, una foto es posible. Pero que rebose es más difícil conseguirlo...

¡un beso!
...Mmm...y en serio, ¿estás en Angola?