viernes, 3 de septiembre de 2010

Things I miss!

No todo son amplias sonrisas, aunque se toma con humor. ¡Ahí va!, el primer decálogo de las cosas que echo de menos.

1. El papel higiénico de más de una capa. Lo hay, pero debe ser que yo no frecuento los lugares donde lo ponen. En la Residencia, la mucama nos lo repone todos los días, un gasto menos, que en París era compra semanal asegurada. Sentir la suavidad de un rollo doble, el grosor al cortarlo, el aroma ese que le dan, las florecitas o perritos dibujados en violeta...nada, olvídate. Aquí es gris y con una capa, más que suficiente. Yo lo que opino es que, con la cantidad que tienes que utilizar para limpiarte bien, al final el gasto se multiplica. Pues que lo pongan doble ¿no?

2. El suelo seguro e higiénico de la ducha de tu casa. Y no, no estoy obsesionada con los baños, pero es que para entrar hago un completo análisis de campo. Ducharse en chanclas cada día me hace añorar Porto Lagos 7.

3. El olor de la ropa de casa. Lo de tener que echarle quitaolores a toda la ropa, absolutamente a toda, es divertido al principio. Pero cuando pasa un tiempo, se vuelve rutinario y tú ya crees que hueles a fritanga las 24 horas del día. Te duchas dos veces porque lo sientes por todas partes. Es como el humo negro de Lost que te persigue, y ya todo te huele mal, hasta el bolso.

4. El trapo de la cocina. No os quiero alarmar con una descripción de los que aquí encuentro, pero creédme, andan solos, y un día vienen a secuestrarme por la noche.

5. Calefacción, no aire caliente. Mi padre me dijo una vez que "tenía el termostato jodío", y creo que tenía razón. Enciendo, apago y regulo, pero nada. Yo al aparato no le encuentro el truco. O soy muy lenta, o esto no es efectivo. Mi compañera de habitación me ha explicado que en Buenos Aires, cuando hay una pequeña tormenta se va la luz o directamente, la cortan. Mi facultad, como parece un bunker protegido por la CIA, tiene un sistema de alimentación eléctrica propio, por lo que no hay calefacción central. Juli ha querido quedar bien, porque aún no he visto un sólo sitio en la ciudad que disponga de ello.

6. Mi almohada, sabía que tenía que traérmela. Imaginaros un rectángulo con todos sus vértices y aristas. Ponedle flores y una funda blanca por encima. Ahí tenéis mi nueva "almohada". Me estoy replanteando seriamente, comprar un cojín blandito de IKEA. ¡Ah que no, que no hay IKEA!

7. Mis tazas y boles. Una taza es algo muy personal y básico. Yo tengo varias, y ya estoy amenazada por mi madre con una emancipación forzosa como se me ocurra entrar en casa con alguna nueva. Pero va a tener que ser así. Yo no me siento segura tomando el desayuno en las tazas de los demás, es como no empezar bien el día. Y creo que ya sabeis qué taza voy a comprarme.

8. Mantas. Si quieres dormir la siesta, y muchos días quieres, tienes que abrir la cama para poder taparte con algo. La costumbre de recogerse con una manta (y una taza propia con café o colacao) la he perdido sin yo quererlo. ¡¡Con la colección que hay en casa!!

9. La no-necesidad de apoyar la sal en la mesa cuando alguien te pide que se la pases. Aquí es donde demuestras que tú eres extranjera, porque de esta superstición no tenías ni idea.

10. Los tacones, aunque sea sólo para verlos en lo alto del armario. El cajón de debajo de mi cama únicamente dispone de una pequeña muestra de mis zapatillas, nada de tacones. Los echo de menos, parezco un niño. Pero con todo el miedo que nos metieron antes de venir, cualquiera se la jugaba a poner límites a su velocidad en una carrera.

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