viernes, 20 de agosto de 2010

El piropo

Obreros del mundo, tenéis competencia. No son albañiles, ni fontaneros ni electricistas. Son los camareros de Buenos Aires. Como sigan así, acabarán por quitaros ese merecido primer puesto que teneis en la clasificación de piropeadores espontáneos.

El otro día, Klaudia y yo entramos en una pastelería de la calle Piedras, dos cuadras paralelas a Lima, donde se encuentra nuestra facultad. La expectación que supuso "el lindo dueto" entre los pasteleros, todos varones obviamente, no consiguió que nos invitaran a los cañones de dulce de leche que compramos a modo de postre, pero las dos salimos con la autoestima más alta. Autoestima que ibamos acabar perdiendo diez minutos más tarde, tras echarnos encima todo el azúcar glass de los cañones y haber sumado medio kilo más a los que ya llevamos.

Pero con ese, aún no hemos llegado al piropo del mes. Anoche Kaisa, Klaudia y yo ibamos hacia casa, cuando un camarero salió de su resto para ayudar a su compañero a recoger las mesas que quedaban fuera. El diálogo que se produjo, fue el siguiente:

- ¡Che! ¿Hace frío? ¿No lo ves un poco oscuro?
- ¡Ah no, cómo va a estar oscuro con estos tres soles que vienen caminando!

Tuve que darme la vuelta y dar las gracias. Ante semejante piropo, una no queda indiferente.

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