martes, 30 de junio de 2009

Sala Richelieu (Musée du Louvre)

Esta mañana he decidido hacer frente a uno de mis miedos: Entrar en un museo sóla, y pararme más de un minuto con las obras más importantes (que vienen a ser veinte, que una cosa es enfrentarse, y otra cogerle aún más respeto a una sala de exposiciones). Me lo he planteado de la siguiente forma: Una visita light, sin mirar el reloj y sin IPod (esto es romper moldes). Escogida una de las tres salas del Musée du Louvre, la situada a orillas del Sena denominada Richelieu, he comenzado el recorrido.

Caminando con mi mapa por las miles de galerías (esto no tiene más que salas; la 90, la 86, la 86bis, la B y la b...¿y otra vez la 90?), he evaluado mi aventura cultural del día y la cosa me ha quedado clara: No es necesario enterarse del ¿por qué?, ¿quién?, ¿cómo? o ¿cuándo? de cada obra, vale con mirar el rótulo general de la zona: Sculptures, Mesopotamie, Renaissance o Peintures allemandes / hollandaises, y totalmente centrada en lo que procede. Punto.

Y cuando ya has subido y bajado quinientas veces por unas escaleras que parecen las mismas, pero no, te das cuenta que el Louvre tiene que verse por fuera, por dentro, y desde dentro hacia fuera.

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