domingo, 28 de junio de 2009

Fiesta del Orgullo Gay à Paris

Fuera del debate sobre si la igualdad entre heteros y no heteros necesita de un día dedicado especialmente a ellos, ayer se celebró en París la Fiesta del Orgullo Gay. Y allí que fuímos. En realidad, el único interés que teníamos era tomar unas cañas (ya empiezo a retomar la jerga madrileña que tanto me gusta), y disfrutar de las calles abarrotadas de gente; cosa que si vives aquí durante un año, aprendes que tal cantidad sólo se ve en las noches más exclusivas de la capital francesa.

Era una fiesta para ver y dejarse ver. Para nosotros lo primero, para más de la mitad lo segundo. Las banderas multicolor adornaban, no sólo los cuerpos de los protagonistas, sino todo el barrio judío de Le Marais. Eso los que se engalanaban para la ocasión, porque bastantes de ellos consideraron que un par de tacones y un tanga de leopardo era el atuendo perfecto, ¡total, el verano ya llegó!

Al principio todo te parecía gracioso y pintoresco, pero a mitad de la noche la cosa empezaba a ser frustrante. Tal concentración de chicos, todos con un estilo perfectamente estudiado, y ver que el único que ligaba, y no poco, era Ivan. Ahí es donde casi pierdo la cabeza. Y no, no por esto, ni por "la loca" que se aceraba a mí gritando "¡miradme, miradme!" cuando el que tenía que mirar por donde iba era él; sino por una banderita muy mal situada en la mano de otra, que si no es por mi compañera de piso, mi rostro acaba como escudo de armas en el símbolo del orgullo gay por excelencia.

Tributo a Michael Jackson (no podía faltar). Foto aquí, foto allí y me despido para seguir un par de calles abajo con mi compañera de facultad y terminar descansando la vista ante tanto impacto visual por el derroche de color en el quai del Sena.

Y nosotros que pensábamos que llegabamos tarde...


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