miércoles, 10 de junio de 2009

El mundo secreto de un frigorífico

¿Cuando la rutina en casa dura ya varios días, y esos días parisinos empiezan a terminarse vosotros no os ponéis nerviosos? Nosotras sí. De ahí que decidiésemos salirnos de ella y ¡cocinar pollo asado con verduras! Debido al problema que tenemos con el cálculo de comida decidimos hacerlo fácil y comprar una pieza suelta por persona.

Y es en el momento de ordenar la compra, cuando dichos muslitos lloran y dicen que ellos ahí, no entran. Asombroso descubrimiento: Hay vida dentro del frigorífico.

Pues ya que estamos en marcha, ¡vamos hacer limpieza! Rápidamente te das cuenta de que un frigorífico erasmus es como una casa del lujoso barrio de Wisteria Lane, preciosa la primera línea y un desastre cuando entras a fondo. No por comida basura precisamente, que la hay, sino por nuestra manía de reciclar de todo. Para sacar las estanterías, obvio, hay que desocuparlas. Pues no hacía falta. Una pequeña orden y los huevos salían desfilando sólos, y el puré de calabaza sacaba una sonrisa que delataba lo que estaba pensando en ese momento: "¡Por fin salgo de este encierro eterno!". Las manzanas parecían haberse vestido con la colección otoño-invierno de Missoni, con ese juego de marrones y morados, ¡y yo qué se que más colores! Pero es cuando vemos una placa de hielo que podía haber roto dos Titanic, cuando nos ponemos severas y decidimos que es mejor no revisar y dedicarse a tirar lo que no esté perfectamente cerrado. Esto nos pasa por meter mano en estantes ajenos, además de en los propios. Y espérate que mañana iremos con los armarios...

1 comentarios:

Marga Herrán dijo...

jo ... quiero volver ...