miércoles, 20 de mayo de 2009

Mi primera visita al Louvre

Sí, damas y caballeros, esta tarde me he decidido a entrar, por primera vez, en el Musée du Louvre y no quedarme con la Pirámide Invertida. Esto es todo un acontecimiento por dos motivos:
a. ¿Yo? ¿Museo? ¿De forma voluntaria?
b. ¡Conocía más de tres obras!
Paso por paso, que ambos tienen su explicación. En primer lugar, todos sabemos que, a excepción del British Museum, mi predisposición a perderme en una sala de este tipo es bastante escasa. Pero Sarko, sí ese que va colgado del brazo de la Bruni y no al revés, sacó hace poco una ley por la que todos los estudiantes gozábamos de entrada gratis, sin límite de ningún tipo, salvo el llevarse algún objeto de esos a los que ponen focos y cordones de seguridad, (aunque yo sigo insistiendo que la estatua-de-mujer-sin-brazos hubiese quedado perfecta en casa y que yo la doy más uso). Miércoles soleado y sin nada mejor que hacer, ¡ya no hay excusa!.
También es de dominio público, que mi conocimiento del arte no escasea, sino que no existe. Pero ahí estaba yo, subiendo las escaleras de la sala Denon histérica perdida, como la que se acerca al altar el día de su boda,(¡y qué boda! mi futuro marido tendría que tener mínimo unos veinte títulos aristocráticos, porque esas escaleras no las tiene cualquiera en el salón de su casa). El estado de expectación por mi parte es máximo, sólo con ver la foto de los carteles que te guían hacia su ubicación, yo sabía de qué obras se trataban: La Mona Lisa (me se su historia, ¡venga, preguntádme!), La Venus del Milo, La libertad guiando el pueblo, y...mmm, he dicho más de tres y ¡tengo que conseguirlo!...ahh, no sus obras pero sí el autor, Jaques-Louis David. Y es que no todo se aprende estudiando arte, ¿quién no ha leído "El Ocho"?.

1 comentarios:

Marga Herrán dijo...

mmmm ... esa foto ... jajaja