lunes, 2 de marzo de 2009

Conociendo Pisa, comiendo...no sólo pizza

Podría hacer como en el título y continuar rimando durante todo el relato. Pero, a parte de odiar la poesía y de ser algo bastante complicado; en realidad, 50Cent no empezó a rapear hasta la noche del sábado (Ruth estaba inspirada). Y es que, otra cosa no, pero PISA 2009 sacó a la luz nuestra vena artística.

Mientras esperabamos la tardía llegada del consultant de la casa, y tras haber preparado bocadillos para todo París, Marga empezó a sacar brillo a la bitrocerámica (una vez más) y yo, aguja en mano, me puse a coser los botones de los abrigos. ¡Cómo si nos sobrase el tiempo! Cuando los tres (axfisiados) cogimos la línea 1, dirección Porte Maillot, eran muchos los retos que se nos planteaban: conseguir entrar con los billetes caseros en el bus a Beauvais, y más difícil aún, no perder ese bus y, por tanto, el vuelo.

Ya en tierras de la Toscana, y después del "acalorado" debate, tomamos la "complicada" decisión de contratar el seguro de 24 euros, en detrimento del de 1300 euros. Llamadnos arriesgados. Con Ivan recordando la equipación básica de un coche y todos con el cinturón bien abrochadito, ponemos CD y GPS (sí, sí aquel que nos dejó tirados en Londres, creemos en las segundas oportunidades), rumbo a nuestro primer destino.

Destino 1: PISA. Acomodamos a los niños en su cama, bien juntitos, pero se ponen rebeldes asegurando que no quieren dormir tan pronto (01:00 am, anoto). Empezamos turismo. Después de mil vueltas, y de quinientas preguntas del tipo ¿dónde coño está la torre?, el GPS se vuelve innecesario y nosotros expertos del pueblo: "no mejor por aquí que llegamos a la plaza redonda"..."pero si vamos a la derecha llegamos al cruce"..."ya, pero la muralla está a este lado y acortamos"...De repente, ¡la vemos!. Y sí, recta no está, ¡así que es esa!.

Por la mañana, nos llevamos el desayuno al mismo Campo dei Miracoli y empezamos a sacar nuestro propio arte frente a la torre. Sólo hay que mirar las fotos.
Destino 2: LUCCA. Todos conoceis mi devoción por la buena pizza. Pues he de decir, que aquí hicimos un importante descubrimiento: La Calzone. Además de tomar el primer cappuccino, aprender que los italianos no se estiran ni con los bombones y que a nosotros nos gusta demasiado el suelo.

Destino 3: SIENA. Ivan de nuevo al volante, y Ruth viendo pasar una gasolinera tras otra con cara de desesperación. Llegamos a nuestro último destino. ¿Primera misión? Encontrar dónde dormir esa noche. Y otra vez que los niños no quieren irse a la cama. Unanimidad: Se sale de fiesta, así...de guarros (Anoto: los resultados futbolísticos de esa noche le subían la moral a cualquiera).
Por la mañana, el cansancio en nuestras caras era ya bastante visible, pero aún nos faltaba algo...¡era Carnaval! Turismo, serpentina, confeti y una batalla de nieve encarnizada por las calles de Siena...¡Menuda la que liamos! Sólo decir que los mismos carabinieri italianos nos escolatron y sentaron a comer ese mismo día, ante la atenta mirada de los demás comensales y de algunas candidatas a "belleza italiana". Un par de entrantes, siete gnochis para algunos, tiramisú y chupitos de amaretto. El estómago lleno y dispuesto para volver a casa.

Mirad si nos quedamos bien, que ni las locas fotógrafas del avión de vuelta consiguieron indigestarnos la comida. Aun así, sigo diciendo que hay que volver, que algo se quedó...¿para cuando mi gelato de nata?

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