martes, 20 de enero de 2009

Accidentados con el estómago lleno

Tras haber finalizado una comida ligera y una sobremesa veloz, los cuatro pusimos rumbo a IKEA, (lo he visitado más que el propio Musée du Louvre). GPS y todos al Corsa, ¡te queremos Corsa!. Atravesamos París y unos movimientos rápidos para conseguir aparcamiento después, estamos dentro.

Describir a continuación "lo maravilloso" de una tarde en el invento sueco, sería casi tan largo como el paseo que te espera desde el momento en que coges una de esas bolsas amarillas. Y es que todos debimos haber elegido la opción de Ivan: ¡Quedarnos en el parque de bolas!

Las compras son muy escasas, pero algunos acaban con zapatillas de andar por casa. Porque eso te hace sentir que nos has perdido la tarde, subiendo y bajando escaleras, colocándote "mini-lapiceritos" en las orejas, buscando lo inexistente o asustando a una pobre niña en el pasillo de la sección de iluminación. Pero lo que no sabíamos, es que lo bueno venía después de pasar por caja. Tanto, que discutimos sobre la posibilidad de reunirnos allí mismo, mínimo dos veces por semana. Tú compras un vaso, así vacío, y por menos de un euro tienes barra libre (no -alcoholica, por supuesto, que hay niños, ya hemos comentado lo del parque de bolas) hasta que tu estómago no aguante más líquido. Algunos parecen no tener fin...¿verdad Gonza?.

Empezamos a coger posiciones y Ruth tiene una idea: Comprar perritos. La estrategia de comunicación "Haztelo tú mismo", o en este caso, "Sírvete tú mismo" es ¡genial! Queremos aprovecharla al máximo y nos pensamos el no comernos el pan e ir a pedir que nos repongan la salchicha...¡con el helado lo hacen! Nos hemos pasado.

De regreso al coche, Gonza insiste en llevarse el vaso, le cuesta desprenderse de él. Yo, que estaba colapsada de burbujas gracias a su obsesión previa porque bebiese sin parar y a grandes sorbos, le recuerdo que Marshall Eriksen, (de la serie de tv a la que estamos todos enganchados sin excepción), no dejaba introducir bebidas en el "Fiero" y con razón. Lo que no sabíamos aún, es que también era el último capítulo del Corsa...¡cómo no nos dimos cuenta!

Con Ivan ya de fiesta por París, y Ruth con su madre, Gonza y yo nos dispusimos a volver a Bastille después de la primera parte de la mudanza, (sí, nos mudamos). Nuestra conversación parece una premonición: ¿Cuál es el asiento más seguro de un coche? ¿Cuántos accidentes has tenido? ¿Y tú?.

Minutos después ya teníamos:

a) Un accidente de tráfico juntos que se sumaba a los que habíamos enumerado.

b) La respuesta a la primera pregunta; de momento, el asiento más seguro había resultado el del copiloto, es decir, el mío.

c) Un estado de nervios contenidos que nos hizo: Primero, asegurarnos de que ambos estabamos bien, y segundo, ponernos en marcha: asistencia internacional, la police...y comprobar, con cara de incredulidad, cómo el conductor de la furgoneta (el culpable) intentaba vomitar antes de la llegada de los agentes. Como dijo Gonza: "A este hombre le salen fuegos artificiales de la boca, está completamente borracho". El alcoholímetro nos daría la razón. Al final del día, para nosotros las 05 am, acabamos en casa, brindando con un par de cervezas...¡por tí y por el Corsa!...porque, ¿sabéis que es lo que ya no tenemos? El Corsa, que aún se encuentra con pronóstico reservado...Corsita, ¡te echamos de menos!


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